2. Conflictos armados y violencia

2. Jesús carga con la cruz

El Señor dijo a Abrahán “Sal de tu tierra nativa y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y servirá de bendición.”. (Gn 12,1-2)

Estación: Jesús carga con la cruz: transcripción

La historia de salvación comenzó para el pueblo de Israel con la llamada de Dios a Abraham, llamada que se formula como una invitación a salir, a dejar atrás, a asumir la condición de muchos migrantes pero con las claves de lectura de esas realidades teniendo en cuenta a Dios. Abraham debe abandonar su tierra, romper las relaciones familiares y aventurarse a una tierra prometida que en ese momento solo se le muestra, no es realidad palpable. Dejar el presente seguro para construir un futuro incierto y que se antoja plagado de dificultades. Solo la promesa, y especialmente la compañía del que promete que acompañará en toda circunstancia, hace posible ponerse en camino e ir avanzando por etapas. Cada etapa es exponerse a nuevas y más grandes intervenciones de Dios, hasta llegar a Egipto donde se dará la intervención salvífica fundante.

Leemos en Gn 12,1-10:

El Señor dijo a Abrán: “Sal de tu tierra nativa y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y servirá de bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.”
Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot… Salieron en dirección de Canaán y llegaron a la tierra de Canaán. Abrán atravesó el país hasta la región de Siquén y llegó a la encina de Moré –en aquel tiempo habitaban allí los cananeos–. El Señor se apareció a Abrán y le dijo: “A tu descendencia le daré esta tierra.” Él construyó allí un altar en honor del Señor, que se le había aparecido. Desde allí continuó hacia las montañas al este de Betel, y plantó allí su tienda, con Betel a poniente y Ay al levante; construyó allí un altar al Señor e invocó el Nombre del Señor. Abrán se trasladó al Negueb por etapas. Pero sobrevino una carestía en el país y, como el hambre apretaba, Abrán bajó a Egipto para residir allí.

Salir, dejar atrás, abandonar, bajar… es el único camino a través del cual Abran llega a ser lo que está llamado a ser “Abraham”, padre de pueblo numeroso, fuente de bendición y pueblo agraciado con la promesa. En él se está preanunciando ese “salir”, “encarnarse” y “abajarse” de Jesús hasta abrazar la cruz como modo de engendrar humanidad renovada y bendición para los que están en camino, de los que en su marcha hacia “paraísos prometidos” encuentran hambre y esclavitud. Y nosotros, bendecidos y parte de ese pueblo de Dios que habita tierras seguras, ¿sabemos salir y transparentar la presencia del Dios de los migrantes? Jesús tomó sobre sí la cruz y salió camino del lugar de los crucificados.

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