
13. Jesús es bajado de la cruz
El Señor se apareció a Abrahán junto al encinar de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda porque apretaba el calor. Alzó la vista y vio a tres hombres de pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro (… ) dijo: Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. (Gn 18,1-3)
Estación: Jesús es bajado de la cruz: transcripción
“La Palabra vino a los suyos y los suyos no la recibieron”. Jesús bajado de la cruz es el despojo que devolvemos a Dios Padre. En brazos de María está lo que queda tras nuestro “hacer” con lo que Dios nos envía. Este es el resultado de nuestra cerrazón a la palabra y al sacramento de la fidelidad indestructible de Dios por la humanidad. Frente a ello: la acogida, la hospitalidad, abrirnos al otro, porque eso nos trae bendición, como es el caso paradigmático de Abraham en Génesis 18,1-8:
El Señor se apareció a Abrahán junto al encinar de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda porque apretaba el calor. Alzó la vista y vio a tres hombres de pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y postrándose en tierra dijo: “Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis bajo el árbol. Mientras, ya que pasáis junto a vuestro siervo, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir.”
Contestaron: “Bien, haz lo que dices.”
Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: “Pronto, veintiún litros de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.” Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase enseguida. Tomó requesón, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Él les atendía bajo el árbol mientras ellos comían.
El extranjero es una riqueza, una oportunidad para aprender que dándonos es como recibimos; que muriendo a lo mío, resucitamos a lo nuestro; que rompiendo las cadenas y los muros de nuestro yo, despertamos a una comunidad que nos permite ser y crecer en humanidad. Dios sigue viniendo, sigue llamando a nuestra puerta… si al abrirla solo vemos mano de obra barata, seguimos rechazando la vida, una vez más rechazamos la palabra que nos humaniza; dejando fuera de mi vida al migrante perdemos la oportunidad que nos ayuda a transcender; a abrirnos al que nos trasparenta al Otro con mayúscula.
María recibe en sus brazos el cuerpo de Jesús, el cuerpo del enviado que ha acompañado toda su vida; como madre siempre cuida de su hijo, de sus hijos e hijas. Ahora es un cuerpo inmenso el que ella recoge, un sinfín de vidas que el Señor confía también al amor maternal de la Iglesia. De la pasión de ese amor surgirá la nueva creación.

