7. Viudas

7. Jesús cae por segunda vez

«La tierra se marchita y se seca, el mundo se marchita y se consume… La tierra ha sido profanada por sus habitantes, porque han transgredido las leyes y han violado el pacto eterno.» (Is 24: 4-5)

Estación: Jesús cae por segunda vez: transcripción

El capítulo 25 de Laudato Sí, aborda el cambio climático que azota nuestra Casa Común. La comunidad científica, por su parte, afirma que la Tierra está alcanzando el punto de no retorno  y que nuestro planeta está abandonando la estabilidad climática. Estos hechos se dejan sentir en el mundo entero, como en el sudeste asiático, donde la presencia de ciclones y fenómenos atmosféricos adversos, exhiben cada vez una fuerza mayor y se repiten en ciclos más cortos de tiempo. Imágenes de desolación que recuerdan al Juicio final sobre la Tierra del que Isaías nos habla:

«La tierra se marchita y se seca, el mundo se marchita y se consume… La tierra ha sido profanada por sus habitantes, porque han transgredido las leyes y han violado el pacto eterno.»   (Is 24: 4-5)

El Papa Francisco nos recuerda que el cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad. Los peores impactos probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo. Muchas personas pobres viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento, y sus medios de subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales. No tienen otras actividades financieras y otros recursos que les permitan adaptarse a los impactos climáticos o hacer frente a situaciones catastróficas, y poseen poco acceso a servicios sociales y a protección. Por ejemplo, los cambios del clima originan migraciones de animales y vegetales que no siempre pueden adaptarse, y esto a su vez afecta los recursos productivos de los más pobres, quienes también se ven obligados a migrar con gran incertidumbre por el futuro de sus vidas y de sus hijos. Es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna.

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