9. Fronteras, corredores de muerte

9. Jesús cae por tercera vez

“No os olvidéis de la hospitalidad; gracias a ella hospedaron algunos, sin saberlo, a ángeles (…) Salgamos, pues, a su encuentro, fuera del campamento y carguemos también nosotros con su oprobio.” (Heb 13,1-2.13)

Estación: Jesús cae por tercera vez: transcripción

A duras penas Jesús avanza hacia la cruz. Nueva caída que parece retardar lo que el auditorio quiere ver: que llegue a las afueras de la ciudad, fuera de sus murallas donde pueda morir dejando las conciencias tranquilas. Cruzar esas fronteras que hacen invisibles a las personas que mueren, “fuera de las murallas de Jerusalén” es como si fuera la nada, como si fueran tragados por el fondo del mar, o sepultados por áreas de desierto. Son números que no cuentan porque quedan fuera de nuestro horizonte visual, de nuestro horizonte existencial de una ciudadanía respetable. Y sin embargo, contra esa invisibilización se alza el mandato de la hospitalidad. Hospitalidad que acoge bajo el mismo techo y que hace fuerte al débil, al vulnerable. Pero es necesario superar los miedos a que esa hospitalidad nos hace vulnerables como personas, como sociedades, como naciones. Por el contrario, en ellos recibimos a ángeles, a enviados de Dios. Así lo recoge la carta a los Hebreos 13,1-2.13-14 en referencia a nuestro padre en la fe, Abraham: 

Permaneced en el amor fraterno. No os olvidéis de la hospitalidad; gracias a ella hospedaron algunos, sin saberlo, a ángeles. […] Salgamos, pues, a su encuentro, fuera del campamento y carguemos también nosotros con su oprobio. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que aspiramos a la ciudad futura.

Hospitalidad que sale al encuentro, a las periferias. No es suficiente esperar a que llamen a la puerta. También Abraham salió al encuentro de los que pasaban por delante de su tienda. Una hospitalidad que es consciente de que solo integrando a todos tendremos futuro. La ciudad futura, la ciudadanía que Jesús significa es que solo saliendo fuera, rompiendo las vallas, seremos capaces de construir la nueva Jerusalén donde ya nadie quede fuera, porque rotas las fronteras no hay dentro o fuera, solo hijos e hijas que habitamos el mismo hogar. El Papa Francisco reiteró este mensaje en la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado de 2018: “Insisto una vez más en la necesidad de favorecer, en cualquier caso, la cultura del encuentro, multiplicando las oportunidades de intercambio cultural, demostrando y difundiendo las buenas prácticas de integración, y desarrollando programas que preparen a las comunidades locales para los procesos de integración”.

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