
3. Jesús cae por primera vez
Porque si mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia mutua y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda (…) yo me quedaré con vosotros en este lugar. (Jr 7,5-7)
Estación: Jesús cae por primera vez: transcripción
La denuncia profética no nos llega solo por la boca de adustos hombres de Dios. También los niños con sus pocas palabras o con su silencio forzado pero elocuente suponen una denuncia; o mejor dicho, un anuncio de autenticidad que nos saca de nuestros letargos, también de nuestros engaños religiosos que nos hacen creer que habitamos espacios sagrados que nos ponen a salvo, que somos familia y pueblo de Dios cuando la familia no es completa hasta que no estamos todos. Ese mensaje profético es el que nos anuncia también Jeremías en el capítulo 7,3-7:
Así dice Yahveh, el Dios de Israel: Mejorad de conducta y de obras, y yo haré que os quedéis en este lugar. No fieis en palabras engañosas diciendo: «¡Templo de Yahveh, Templo de Yahveh, Templo de Yahveh es éste!» Porque si mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia mutua y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda (y no vertéis sangre inocente en este lugar), ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño, entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres desde siempre hasta siempre.
Mientras haya caídos en el camino, expulsados fuera de las vías de humanización, pequeños a los que se les roba la infancia, se les niega crecer en paz… Dios permanecerá fuera, permanecerá con ellos y no habitará nuestros templos; nuestras iglesias y nuestras casas no serán hogares habitados por la divinidad. Los tiempos de persecución de Herodes no han acabado. Santos inocentes gritan con su mirada, con sus llantos motivados por el hambre, por las inclemencias, por la frialdad humana. ¿Hasta cuándo permaneceremos insensibles a la Palabra de Dios que clama a través de ellos y por ellos? ¿Hasta que los veamos abatidos en una playa de nuestras costas o flotando en el cementerio líquido de nuestros mares? Pues eso ya ocurrido, y seguimos sin reaccionar. Jesús sigue caído nuevamente, su sangre y su dolor llena de ignominia nuestros tiempos y nuestros espacios sagrados… ¿cuándo haremos posible que Dios habite en medio de nosotros?

