
6. La Verónica limpia el rostro de Jesús
La tierra no puede venderse para siempre, porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes. En todo terreno de vuestra propiedad concederéis derecho a rescatar la tierra. (Lv 25,23-24)
Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús: transcripción
La realidad nos obliga a tener presente la realidad de pueblos y colectivos cuyo rostro se desvanece, cuya identidad queda negada. De la misma manera que Jesús camino de la cruz va perdiendo su rostro ocultado por la sangre que mana de sus heridas y una mujer de entre el público le limpia el rostro para devolverle identidad, para rescatar su dignidad ante nuestros ojos. La llamada, también hoy, es a acercarnos a esos colectivos que se quedan sin lo necesario para ser. La Biblia conoce desde antiguo estas dinámicas de exclusión y nos recuerda que todo lo que tenemos es de Dios, y por lo tanto nuestra propiedad no es derecho absoluto. El dinamismo del espíritu nos lleva a ser pariente del empobrecido y salir fiador, defensor, con los medios necesarios para que todos y todas tengamos una vida que pueda asumir el nombre de tal. Así nos lo recuerda Levítico 25,23-25:
La tierra no puede venderse para siempre, porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes. En todo terreno de vuestra propiedad concederéis derecho a rescatar la tierra. Si se empobrece tu hermano y vende algo de su propiedad, su pariente más cercano vendrá y rescatará lo vendido por su hermano.
Ni la tierra, dada por Dios como regalo simbólico para Israel, es don absoluto. La tierra, la vida, son de Dios y somos personas fruto de la gratuidad y llamadas a convivir con otros, con todos y todas. Llamadas a devolver la sonrisa de una vida digna; llamadas a enjugar las lágrimas de los que han perdido, limpiar las manchas que tiñen de negro los cuerpos por el trabajo de extracción ilícita de minerales y que tiñen de rojo por la sangre derramada por los conflictos e injusticias que generan nuestros afanes de progresivo bienestar. Así, limpiar el rostro como la Verónica es desvelar la dignidad de cada persona, por muy disimulada y desfigurada que esté.

