5. defensoras

5. Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz

El Siervo del Señor fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes (…). Sin arresto, sin proceso, lo quitaron de en medio, ¿quién meditó en su destino? (Is 53,5-8)

Estación: Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz: transcripción

El “desarrollo económico global”, esa gran expresión que se ha envuelto en una especie de sacralidad y de gran indicador de desarrollo humano. Y sin embargo, cuántas víctimas deja tras de sí. La cultura del descarte, de las personas que no cuentan, que se vuelven invisibles porque preferimos no verlas: comunidades rurales que no tienen cultura para nuestros parámetros elitistas, minorías étnicas que no tienen palabra porque no la escuchamos… Así es descrito también el Siervo de Yahvé, y sin embargo su fortaleza nos salva, sus cicatrices son nuestra salud. Y esas culturas, muchas veces con rostro cabizbajo y abatido de mujeres, cargan con nuestro desarrollo, o tal vez mejor, con nuestro deterioro humano aunque esté envuelto en cifras e índices bursátiles positivos. Escuchemos la descripción del Siervo de Yahvé en Isaías 53,2-8 con la mirada puesta en las personas que con frecuencia no cuentan:

Creció en su presencia como brote, como raíz en el páramo: no tenía presencia ni belleza que atrajera nuestras miradas ni aspecto que nos cautivase.
Despreciado y evitado de la gente, un hombre habituado a sufrir, curtido en el dolor; al verlo se tapaban la cara: despreciado lo tuvimos por nada; a él, que soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores. Lo tuvimos por un contagiado, herido de Dios y afligido. Él, en cambio, fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Sobre él descargó el castigo que nos sana y con sus cicatrices nos hemos sanado.
Todos errábamos como ovejas, cada uno por su lado, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, aguantaba, no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, no abría la boca.
Sin arresto, sin proceso, lo quitaron de en medio, ¿quién meditó en su destino?

Nuestra meditación, ¿qué contempla? ¿Realidades tan piadosas como inexistentes? ¿Tenemos el valor de fijar nuestra mirada en las personas que soportan, porque sufren, las consecuencias de nuestro progreso? No hay más progreso en humanidad que el que siguió el Cireneo que acudió a llevar la cruz que Jesús cargaba por nosotros y nosotras. Meditemos sobre esa carne flagelada, llagada, sobre los cuerpos martirizados… y si es que podemos, aguantemos la mirada; y si finalmente podemos, pongamos nuestras manos agarrando ese madero que todavía está en el camino de la cruz, y es como consecuencia de nuestros pecados. Asumir la actitud del cirineo, del que se implica y se complica la vida por ayudar a los seres humanos que buscan amparo, un refugio, un corazón que les esté cercano.

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